De dónde viene el concepto above the fold
El término nace en los periódicos. Los diarios se exhibían doblados por la mitad en los quioscos, así que el titular y la foto que iban en la mitad superior de la portada, la parte visible sin desdoblar el periódico, decidían si alguien compraba el ejemplar o pasaba de largo. Esa mitad superior era literalmente "arriba del pliegue": above the fold.
Cuando el diseño web se profesionalizó a finales de los años noventa, la analogía se trasladó directamente a las pantallas. Un usuario abre una web y ve una porción de la pantalla sin tocar el ratón ni el dedo; el resto queda oculto hasta que hace scroll. Los primeros estudios de usabilidad de esa época, con monitores mayoritariamente de 800x600 o 1024x768 píxeles, mostraban que gran parte de los usuarios no llegaba a bajar la página. La conclusión práctica fue simple: si algo importa, que esté visible sin scroll.
Esa regla se convirtió en dogma de diseño durante más de una década. Titulares, llamadas a la acción, formularios de contacto y propuestas de valor se apretujaban en los primeros 600 u 800 píxeles de alto, a veces a costa de la claridad visual, para no perder al usuario que no scrollea.
De ese miedo nació todo un pequeño mercado de herramientas. Proveedores de mapas de calor como Crazy Egg o Hotjar construyeron su primer argumento de venta casi por completo alrededor de una pregunta: cuántos usuarios llegan a hacer scroll en una página y hasta dónde. Las agencias enseñaban a sus clientes capturas de pantalla con una línea roja a 600 u 800 píxeles, advirtiendo de que casi nadie veía lo que quedaba debajo. Esa práctica no era descabellada en las condiciones técnicas de la época, con un puñado de tamaños de pantalla habituales. El problema llegó después, cuando esa única línea roja se convirtió en regla fija mucho después de que la variedad de dispositivos por debajo se hubiera multiplicado.
