Cómo funciona un rastreo paso a paso
Un rastreo empieza antes de que el bot toque tu servidor. Googlebot construye primero una lista de URLs candidatas a partir de tres fuentes: los enlaces que encuentra en páginas ya rastreadas, las direcciones que declaras en tu sitemap XML y el historial de URLs que ya conocía de visitas anteriores. Esa lista entra en una cola de rastreo, y el orden en el que se procesa depende de cuánto presupuesto de rastreo tiene asignado tu dominio y de la prioridad estimada de cada URL.
Para un dominio completamente nuevo, ese proceso arranca de un modo distinto: Google no tiene ninguna URL previa que rastrear, así que necesita un primer punto de entrada. Ese punto suele ser un enlace externo desde una página que Google ya visita, un sitemap enviado manualmente en Search Console o una solicitud de rastreo puntual a través de la herramienta de inspección de URLs. Sin ninguna de las tres cosas, un dominio puede quedar completamente fuera del radar del rastreador durante mucho tiempo.
Cuando le toca el turno a una dirección, el rastreador hace una petición HTTP y descarga el HTML de la página. Si esa página depende de JavaScript para mostrar su contenido principal, ese HTML inicial casi nunca basta: Google la marca para una segunda pasada, en la que un Chromium sin interfaz, el servicio de renderizado web, ejecuta el código y genera el DOM final, tal como lo vería un navegador. Esta segunda pasada llega más tarde, a veces días después de la primera. Una web con mucho contenido inyectado por JavaScript puede tardar más en verse completa a ojos de Google.
Cada página rastreada aporta enlaces nuevos, que vuelven a entrar en la cola como candidatos, y el ciclo se repite. Una URL no desaparece de la lista después de su primera visita: pasa a un calendario de revisitas que decide cuándo Google vuelve a comprobarla.
