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Glosario Profundidad de clic

¿Qué es la profundidad de clic?

Definición

La profundidad de clic es el número de clics que hacen falta para llegar a una página desde la portada siguiendo enlaces, contando siempre el camino más corto. No tiene relación con el número de carpetas de la dirección.

Cajas de madera encajables, sacadas una de otra y puestas en fila, junto al título Profundidad de clic
Cada caja estaba metida dentro de la siguiente
En esta página 5
  1. Qué es la profundidad de clic
  2. No es la profundidad de la URL
  3. Por qué importa
  4. Cómo se mide y cómo se reduce
  5. Errores frecuentes
En breve

Por qué acortar una URL no acerca la página, qué decide realmente la distancia, qué le pasa a lo que está al fondo, y por qué la regla de los tres clics no es una ley.

Cajas de madera encajables, sacadas una de otra y puestas en fila, junto al título Profundidad de clic
Cada caja estaba metida dentro de la siguiente

Qué es la profundidad de clic

La profundidad de clic es el número de clics que hacen falta para llegar a una página desde la portada siguiendo enlaces. La portada está a cero, lo que se enlaza desde ella está a uno, y así hacia dentro. Es una medida de distancia dentro del sitio, no de tamaño ni de calidad.

Se calcula siempre por el camino más corto. Si a una ficha de producto se llega en cinco clics por el menú y en dos desde un bloque de la portada, su profundidad es dos. Por eso un solo enlace bien puesto puede cambiar la cifra de cientos de páginas a la vez.

Y depende por completo del enlazado interno: la misma página, con el mismo contenido y la misma dirección, cambia de profundidad en cuanto alguien añade o quita un enlace. No es una propiedad de la página, sino de la red que la rodea.

Hay un matiz que cambia el número y que casi nadie declara: desde dónde se cuenta. La portada es el punto de partida habitual, pero un sitio con varias entradas reales —una tienda con tráfico que llega directo a categorías, un blog al que se entra por artículos— tiene más de un origen. Medir solo desde la portada da una cifra pesimista para páginas que en la práctica están a un clic de donde aterriza la gente.

Aun así conviene mantener la portada como referencia, porque es también el punto por el que suele empezar el rastreador cuando redescubre el sitio. La medida desde otras entradas es un complemento útil, no un sustituto.

No es la profundidad de la URL

Es la confusión más extendida, y sale cara porque lleva a arreglar lo que no está roto. Contar las barras de una dirección no dice nada sobre la distancia real: una URL con cinco carpetas puede estar a un clic de la portada, y una dirección sin ninguna carpeta puede estar enterrada.

De ahí una consecuencia práctica: acortar direcciones no acerca nada. Reescribir /mujer/calzado/botines/x como /x cambia la dirección, obliga a montar una redirección y deja la página exactamente igual de lejos que antes, porque nadie ha tocado los enlaces.

Lo que sí funciona es lo contrario: dejar la dirección en paz y añadir un enlace desde un sitio cercano a la portada. Ahí es donde ayuda una miga de pan bien puesta, que además acorta el camino de vuelta hacia las categorías superiores.

La confusión tiene una hermana menos conocida y del mismo tipo: creer que las carpetas de la URL definen la jerarquía del sitio para Google. No la definen. La estructura que un buscador reconstruye sale de los enlaces que encuentra, y una dirección plana con buena navegación se entiende sin problema.

Donde las carpetas sí ayudan es en el trabajo diario: agrupan informes, permiten filtrar por sección en Search Console y hacen legible una regla del robots.txt. Son útiles para quien administra el sitio, no para acercar páginas.

La misma tienda, y la dirección más corta es la que está más lejos

Por qué importa

Para el rastreador, la distancia es una señal de importancia. Lo que está enlazado desde cerca de la portada se descubre antes y se vuelve a visitar más a menudo; lo que está al final de una cadena larga se pide de tarde en tarde. En un sitio pequeño da igual, en uno con miles de páginas decide qué parte del presupuesto de rastreo llega a cada sección.

Para el visitante, la distancia es esfuerzo. Cada clic adicional es una oportunidad de abandonar y sube la tasa de rebote, y la sensación de estar lejos afecta a la experiencia de usuario incluso cuando la página final es excelente.

Y hay un caso extremo que conviene nombrar: la página a la que no llega ningún enlace. No tiene profundidad, tiene infinito. Es una página huérfana, y para el buscador prácticamente no existe salvo que aparezca en el sitemap.

Merece la pena separar dos efectos que suelen mezclarse. Uno es el descubrimiento: una página nueva enlazada desde cerca de la portada se encuentra en días, una enterrada puede tardar semanas o no encontrarse hasta que aparece en el sitemap. El otro es la actualización: una página que ya está en el índice y vive al fondo tarda más en reflejar los cambios que se le hacen.

El segundo efecto pilla por sorpresa más a menudo. Se corrige un precio o se reescribe una descripción, y semanas después el resultado de búsqueda sigue mostrando lo anterior. La causa no siempre es el contenido: a veces es simplemente que a esa página se llega tarde.

Cómo se mide y cómo se reduce

Se mide con un rastreador propio que recorra el sitio partiendo de la portada y anote en cuántos saltos alcanza cada URL. Cualquier herramienta de rastreo lo hace; lo importante es empezar por la portada y seguir solo enlaces reales, no la lista de páginas publicadas, que no dice nada sobre caminos.

El resultado se mira como reparto, no como media: cuántas URLs hay en cada nivel. Una distribución sana concentra el contenido de valor en los primeros niveles y deja lo prescindible al fondo. Si ocurre al revés, el problema no es la profundidad sino la navegación.

Para reducirla, tres movimientos que sí funcionan: enlazar desde páginas ya cercanas a la portada, aplanar la navegación quitando niveles intermedios que no aportan, y usar listados o bloques temáticos que salten directamente al fondo del catálogo, algo especialmente útil en e-commerce.

Una advertencia sobre la medición que invalida informes enteros: un rastreador que no ejecuta JavaScript no ve los enlaces que solo existen después de ejecutarlo. En un sitio con navegación construida en el navegador, el informe sale con profundidades enormes o con medio catálogo inalcanzable, y el problema está en la herramienta, no en el sitio. Conviene medir dos veces, con y sin ejecución, y comparar.

El segundo cuidado es el filtro por parámetros. Si el rastreo trata cada parámetro GET como una URL propia, los niveles se llenan de variantes de la misma página y la distribución deja de significar nada. Normalizar antes de contar es parte del trabajo, no un detalle.

Errores frecuentes

El primero ya está dicho y merece repetirse porque se sigue haciendo: reescribir direcciones creyendo que eso acerca páginas. Cambia la dirección, no el camino.

El segundo es perseguir la regla de los tres clics como si fuera una ley. No lo es, y aplicarla a rajatabla produce menús gigantes con cientos de enlaces que reparten mal el peso y hacen la navegación ilegible en móvil. Mejor pocos caminos claros que muchos atajos.

Y el tercero, más sutil: bajar la profundidad enlazando desde el pie de página. Técnicamente funciona, el rastreador lo sigue, pero un enlace que aparece en las mil páginas del sitio pesa poco y no lo usa nadie. La cifra mejora y la situación real no.

Un cuarto error es tratar la cifra como objetivo en sí misma. Bajar la profundidad media de cuatro a tres no sirve de nada si lo que bajó fueron páginas de contenido pobre y lo que sigue lejos es el catálogo que vende. La pregunta útil no es cuánto vale la media, sino qué está lejos y si importa.

Y el último, el más silencioso: cambiar la navegación sin volver a medir. La profundidad se mueve con cada rediseño de menú, cada bloque nuevo en la portada y cada categoría que se retira. Es una medida viva; un informe de hace seis meses describe un sitio que ya no existe, igual que ocurre con el tráfico de una campaña terminada.

Manuel Riveiro Rodriguez CEO & Digital Strategist

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Preguntas frecuentes

¿Es cierta la regla de los tres clics?

Como orientación sirve; como norma no. Lo que importa no es el número exacto sino que el camino sea evidente en cada paso. Un sitio donde se llega en cuatro clics sabiendo siempre hacia dónde ir funciona mejor que uno de tres clics con un menú de doscientos enlaces.

¿Acortar la URL reduce la profundidad?

No. La dirección y el camino son cosas distintas: la profundidad la determinan los enlaces, no las barras. Acortar direcciones obliga además a montar redirecciones y a arrastrarlas durante años, sin que ninguna página quede más cerca de la portada.

¿Cuál es una profundidad aceptable?

Depende del tamaño. En un sitio de cien páginas, todo debería estar a tres o menos sin esfuerzo. En un catálogo de cien mil, esperar lo mismo lleva a menús imposibles; ahí el objetivo razonable es que lo que genera negocio esté cerca y que ningún grupo de páginas quede aislado al fondo.

¿Cuenta el enlace del pie de página?

Para el cálculo sí: si está en la portada, la página enlazada queda a un clic. Para el efecto real, poco. Un enlace repetido en todas las páginas del sitio recibe muy pocas visitas y transmite poca fuerza, así que la cifra mejora sin que cambie nada más.

¿Cómo se mide en un sitio grande?

Con un rastreo propio que empiece en la portada y guarde el número de saltos hasta cada URL. Conviene rastrear con el mismo trato que recibe un buscador, respetando el robots.txt, y mirar el resultado por secciones: la media de todo el sitio esconde justo los rincones donde está el problema.

Fuentes

  1. Google Search Central, gestión del presupuesto de rastreo: sitúa la popularidad y el enlazado entre las señales con las que Google decide qué vuelve a pedir y con qué frecuencia.
  2. Google Search Central, cómo hacer los enlaces rastreables: qué cuenta como enlace seguible y por qué un camino que solo existe en JavaScript puede no existir para el rastreador.
  3. Nielsen Norman Group sobre el rastro de información: por qué lo decisivo no es el número de clics sino que cada paso deje claro hacia dónde lleva.