Qué significa la ventaja competitiva
El texto de referencia es «Competitive Advantage: Creating and Sustaining Superior Performance», de Michael Porter, que Free Press publicó en Nueva York en 1985. Según Porter, la ventaja nace del valor que una empresa crea para sus compradores por encima de lo que le cuesta crearlo. El valor lo define sin rodeos: es lo que los compradores están dispuestos a pagar.
Porter no fue el primero en usar la expresión. Ya aparece en el título de un artículo del Journal of Marketing de octubre de 1976 y en el de un artículo de Stephen South en el Journal of Business Strategy de 1981. Su editorial atribuye a la influencia del libro que la expresión se haya vuelto corriente, y eso es la valoración de quien lo vende. Este glosario no fija un primer autor.
El error de lectura es creer que todo lo que una empresa hace bien ya es una ventaja. Porter lo descarta en su primer capítulo: una empresa puede tener un sinfín de puntos fuertes, y cada uno cuenta solo por su efecto en el coste relativo o en la diferenciación. Eso deja fuera tres casos habituales.
El primero es lo que el cliente no valora. Un proceso interno excelente que no baja el coste ni cambia lo que el cliente está dispuesto a pagar no aporta ventaja.
El segundo es lo que también hacen los demás. Porter lo explica en «What Is Strategy?» (Harvard Business Review, noviembre y diciembre de 1996). La eficacia operativa consiste en hacer actividades parecidas mejor que los rivales. El posicionamiento estratégico consiste en hacer actividades distintas o hacerlas de otra forma. La primera es necesaria, pero las mejores prácticas se difunden deprisa: suben el nivel de todos y no dejan a nadie por delante. Lo mismo vale para el coste. Porter avisa de que reducir costes no es lo mismo que conseguir una ventaja en costes.
El tercero es lo que se copia pronto. Aquí conviene separar dos conceptos. Jay Barney, en el Journal of Management de 1991, llama ventaja competitiva a aplicar una estrategia que crea valor y que ningún competidor actual o potencial aplica a la vez. La llama sostenida si, además, los demás no pueden duplicar sus beneficios. Una ventaja fácil de copiar existe mientras nadie la copia, pero no sirve para construir sobre ella. Para Barney, lo que decide si es sostenida es si la copia es posible, y el tiempo de calendario no cuenta. Sitúa a Porter entre quienes la miden por la duración.
Porter distingue dos tipos básicos de ventaja, y conviene no mezclarlos: - Liderazgo en costes: la empresa se propone ser la productora de menor coste de su sector. Su fuente puede ser la escala, una tecnología propia o el acceso a materias primas. No significa vender al precio más bajo: quien tiene el menor coste y cobra cerca de la media del sector gana más que los demás. Tampoco puede ignorar la diferenciación. Si el producto no parece comparable, tendrá que bajar tanto el precio que perderá lo ganado. La lógica suele exigir un solo líder, porque varios aspirantes acaban en una lucha dura por la cuota. - Diferenciación: la empresa busca ser única en algo que muchos compradores valoran, y cobra por ello un precio más alto. Solo sale a cuenta si ese sobreprecio supera el coste adicional de ser distinta. Aquí sí caben varios ganadores en un sector, si cada uno se diferencia en un atributo diferente.
El enfoque no es un tercer tipo de ventaja. Es una tercera estrategia: aplicar coste o diferenciación a un segmento estrecho que los competidores amplios atienden mal. Porter ya había planteado estas estrategias genéricas en «Competitive Strategy» (1980), y el libro de 1985 parte de ese marco para explicar cómo llevarlas a la práctica.
Quien intenta todo a la vez queda, en sus palabras, «stuck in the middle», atrapado en el medio y sin ventaja alguna. Porter admite tres excepciones en las que coste y diferenciación pueden ir juntos: cuando los competidores también están en el medio, cuando el coste depende mucho de la cuota de mercado o de los vínculos entre sectores, y cuando la empresa es la única con una innovación importante. Las considera situaciones que suelen acabar cuando un rival capaz elige un camino.